19 junio, 2017

A tu lado

Me gustaría saber quien es el autor de esta foto y dónde se hizo.


A tu lado.

Conduciendo sin luces y sin cinturón,
por el borde del abismo.

Acariciando tu piel
con la punta del cuchillo de cocina.

Deslizando las yemas de mis dedos
por la cintura de tu garganta.

Salvaje y excitado,
con el hambre corriendo por mis venas.

Trago veneno, despacio,
por la boca de mi brazo atado.

Sobre la camilla de ejecución,
cierro los ojos.

¡Que inmenso placer!

A tu lado.


De la serie: "Muerte de pena" 

16 junio, 2017

Marcella

Fotografía: Marqués de Zas.

Marcella es masoquista, lo tiene claro desde hace tiempo, pero no había tenido ocasión de practicar con nadie. La poca satisfacción que encontró en este tema se la procuraba sola. Desde hace tiempo fantaseaba con que, un hombre maduro, le torturara sus enormes pechos. Con la amabilidad,  la discreción y la elegancia que me caracteriza, me ofrecí para iniciarla en estas prácticas. Ella aceptó con la condición de que lo dejaríamos en el momento que se enamorara (de otro). La aventura, totalmente satisfactoria para ambas partes, duró dos meses. Los dos cumplimos con nuestro compromiso inicial. Esta foto fue del primer día. Sobre un corcho negro le clavé las tetas con agujas hipodérmicas. Me abrazó y me besó agradecida antes de salir de mi casa. Me hubiera gustado que los juegos duraran más tiempo. El amor se interpuso. Ojalá le dure mucho.

01 junio, 2017

El retrato de Dorian Gray

Portrait of  Hurd  Hatfield as Dorian Gray (1945). Henrique Medina.

El avatar de mi perfil, que se ve en este blog (y en otros sitios), es una pintura que tiene algunas coincidencias conmigo y muchas curiosidades. Lo pintó Henrique Medina para el atrezo de la película “El retrato de Dorian Gray” (1945) de Albert Lewin, sobre la novela del mismo título de Oscar Wilde. El retrato (que ilustra este post) es del actor neoyorquino Hurd Hatfield (1917-1998), protagonista de la película. Hay dieciocho películas sobre la novela, pero excepto la de Lewin, ninguna merece la pena, incluida la última de 2010. La historia que se cuenta coincide perfectamente con mis gustos. Trata, entre otras cosas, de la íntima relación que existe entre el arte y la vida. Hurd era bisexual y un gran coleccionista de arte. En eso también coincidimos, aunque él era más guapo.

+ info.- Este cuadro, de 218,5 x 198 cm, se subastó en Christie's por 149.000 $ en 2015.

20 mayo, 2017

Las fotos: ahora sí, ahora no

El marqués de Zas en la performance: "Sábana Santa". Foto: Consul2

En este blog nunca he publicado fotos de gente que se pueda identificar, excepto si me dan permiso para ello (o que estén en la vía pública). A partir de hoy, no voy a publicar fotos (identificables) de nadie en una situación íntima o privada conmigo. Ya me ha pasado en dos ocasiones; me dan permiso e incluso me piden que las publique sin ningún problema para, después de un periodo de tiempo, pedirme que las quite o que borre la cara y los tatuajes. Siempre es por la misma razón: mujeres sumisas que empiezan una nueva relación y su nueva pareja quiere hacer desaparecer los testimonios gráficos de su pasado libertino. No me lo piden ellas porque lo deseen, sino porque sus nuevos compañeros, posesivos e inseguros, quieren ser los únicos amos y señores. Entiendo que debería haberme dado cuenta de esto y no publicar fotos que, con el tiempo, sean susceptibles de molestar a personas controladoras totalmente ajenas al autor de este blog. Tampoco es que sea nada importante, aparte de hacerme perder el tiempo con el Photoshop, pero es una información que me gustaría compartir con los seguidores de este sitio.

24 abril, 2017

Abre la boca



Se había quedado sola esa semana en casa. Ella y su perro. Su marido, con el que compartía la casa, había salido de viaje y no regresaría hasta el fin de semana siguiente. Estábamos sentados en el porche rodeados de un pequeño jardín. Me había invitado a pasar unos días. Con ella siempre me lo pasaba estupendamente. Tenía todo lo que yo deseo. Era atractiva, muy inteligente, con una exquisita educación, morena, de piel blanca y curvas rotundas. Fumaba tranquilamente mirándome a los ojos. Entonces pensé que había llegado el momento. Dorotea no se inmutó cuando me levanté y entré en la casa sin decir nada. El perro fue detrás de mí hasta el dormitorio y me miró atentamente mientras me calzaba unas botas de montar y un elegante traje negro. Cuando volví al porche, ella me miró de arriba abajo y sonrió. Ven conmigo, le dije muy serio. Ella me siguió sin rechistar hasta el dormitorio.

—De rodillas encima de la cama. —le susurré.

Me quedé mirando sus calcetines blancos. Me gusta que los lleve. Parece más frágil, más infantil. Entonces me subí a la cama. Frente a ella. Su cabeza a la altura de mi entrepierna.

—¡Abre la boca! —dije en tono autoritario, mirándola a los ojos.
     
Sus ojos se abrieron como platos en el momento exacto en el que le puse la pistola en los labios. El terror se reflejó en su cara de una forma clara en menos de un microsegundo. Era un miedo real. Se quedó petrificada. Estaba tan asustada que no movía ni un músculo. Estoy seguro que en esos momentos le atenazó la duda de si estábamos jugando o estaba ante un maldito loco.

(No puedo mantener la erección si no te veo temblar de miedo)

—¡Abre la boca! —volví a repetir en tono amenazante.

Negó con la cabeza mientras apretaba los labios con fuerza. Pensé en golpearle la boca con la punta del cañón, pero creí que sería más interesante conseguir que me obedeciera.

—¡Te he dicho que abras la boca! —repetí incansable.

Cuando los labios temblorosos apenas se abrieron le metí el cañón en la boca de un solo golpe. Ella cerró los ojos. Sentí que se rendía. La estaba poniendo al límite de lo soportable. Tenía la cara mojada por las lágrimas. Lo que estaba pensando ella en esos momentos debía ser pavoroso, aunque estaba seguro que la crueldad dejaría paso a la lujuria en cuanto cambiara la pistola por el cañón de mi entrepierna. Su boca no sabría cuál de los dos estaba más duro.

A la misma velocidad que le metí el cañón en la boca, se lo saqué y guardé el arma en una caja. La ayudé a ponerse en pie, le quité las bragas y los calcetines, y me desnudé del todo. Dorotea es maravillosa. Una perfecta compañera de juegos. Creí que me iba a dar una patada en los huevos. Pero todo lo que hizo fue abrazarme entre sollozos.

(Que extraño es buscar lujuria en mi crueldad para encontrar mi auténtica identidad)

No fue Tánatos el que dirigió la escena, sino Eros disfrazado. Rodamos por la cama entrelazados. Nos besamos con tanta pasión que parecíamos una jauría de perros salidos. No recuerdo cuantas veces nos corrimos, pero, sin duda, batimos nuestro propio record. Es lo que tiene el abismo; te acojona cuando caes dentro, pero te recompensa si eres capaz de llegar al fondo.


Nota del autor.- Dorotea no sabía que la pistola era simulada y prestada. La fotografía está descargada de Internet, si alguien conoce al autor le agradecería que me lo diga. 

15 diciembre, 2016

Chulo

El convidat (el invitado). Instalación artística de Joan Brossa, (1986-1990).

Eres un chulo insoportable.
Él sonrió y dibujó mi culo en cada beso.

Eres mentiroso y muy borrico.
Él me sacó un final y me metió un principio.

Eres malo, feo y agresivo.
Él cerró los ojos y me dejó en el corredor de la muerte.

Quiero que me olvides y alejarme intacta.
Él me perforó el cuello sobre su garrote vil.


De la serie "Muerte de pena".

17 noviembre, 2016

Sexo telefónico

Marilyn Monroe para Chanel. 1953.

Hasta que conocí a Nina, estaba totalmente convencido de mi imposibilidad de tener un orgasmo como consecuencia de una conversación telefónica. El conocido popularmente como “sexo telefónico” era, para un servidor, algo sin el más mínimo morbo ni interés. Soy muy visual. En todo lo relacionado con mi excitación sexual, lo visual es absolutamente básico. Si no lo veo, no lo creo. Nina me convenció para probar. Me conocía muy íntimamente. Demasiado, para mi gusto. No sólo en el terreno de las relaciones sexuales, donde estábamos muy compenetrados, sino también en el de mis más perversas y oscuras fantasías. Incluso, había descubierto algunas que yo ignoraba. Me llamó por teléfono y empezó a susurrarme como si estuviera a mi lado, pegada a mi oído. Sus palabras me propulsaron un efecto eréctil inmediato. Mi solitaria realidad, tumbado en la cama, a oscuras y desnudo, no tenía nada que ver con lo que experimentaba mi mente. No me podía creer que fuera tan bestialmente excitante. Algo tan personal y secreto me tenía tan al borde del orgasmo, que no me importaba nada arder eternamente en el infierno por ser tan cerdo. Me preguntaba cómo me sentía por hacer esto o aquello, con la intención de excitarse ella también. Acercó el teléfono a su coño para que pudiera oír el intenso chapoteo que provocaban sus dedos entrando y saliendo. Sus más íntimos secretos se entrelazaron con los míos. Primero me corrí yo y casi inmediatamente ella. Luego, nos quedamos en silencio durante largo tiempo. Fue como un aterrizaje mullido tras un peligroso salto en paracaídas. La adrenalina me salía por las orejas. Su risa me devolvió a la vida real.

 –¡Ves como sí podías! polla fácil –me espetó mientras seguía riendo.

Nina me ha enseñado que un secreto, un complejo de culpa o, incluso, un trauma, se pueden subvertir para introducirlos en un juego sexual y convertirlos así en fuente de placer. Utilizando únicamente la palabra como un bisturí, abrimos en canal la conciencia, sacamos el inconsciente y nos lo follamos.

Ya lo decía Saint-Exupéry en El principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”.