29 agosto, 2011

Grey

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Kámasutra. Miniatura de un texto en urdú. S. XVII-XVIII. India.

La señora de la casa estaba con el agua al cuello, dentro de la bañera y con la luz apagada. Yo estaba sentado en la terraza buscando el poco aire fresco que corría por Madrid. Esperábamos una visita especial. Era jueves y terminaba el mes de julio con más calor que nunca.

Conocí a Grey en el Café Gijón de Madrid. Un hombre más o menos de mi edad, con barba recortada, aspecto agradable y cara de buena persona. La conversación fue muy sustanciosa. Se confesó libertino y masoca. Le propuse un trío con la condición de poder azotarlo.

A la hora exacta de la cita sonó el interfono del portero automático. Le abrí la puerta al mismo tiempo que la señora aparecía en el salón vestida de rojo y con una sonrisa en los labios. La señora, pequeña y de apariencia frágil, no le conocía. Habíamos establecido un acuerdo previo: si le desagradaba el tipo, me lo diría de forma discreta, si obviaba el asunto, tenía vía libre para hacer lo que yo quisiera.

Amarré las muñecas de la señora a una viga del techo y le tapé la boca con una mordaza. En esa posición podía ver como tumbaba boca arriba a Grey y le metía el glande entre los morros. Cuando estuvo excitada, le pincé el sexo. Las pinzas de madera parecían cuatro cocodrilos de juguete mordiendo sus labios menores. Ella empezó a eyacular una gran cantidad de líquido transparente. Coloqué la boca de Grey debajo para que se lo tragara. Lo hacía con pasión, a pesar de que la mayor parte caía al suelo. Pasamos a otra habitación. Puse a Grey a cuatro patas y a la señora a horcajadas sobre su espalda. Los culos, uno encima del otro. Los azoté con mi fusta alternativamente hasta que estuvieron muy rojos. Después Grey se sentó muy excitado en el sofá. Desenrollé un condón en su verga y la guié hasta el coño de la señora. Ella le cabalgaba con mucha gracia. Una vez agotada, tendimos a la señora sobre una mesa, donde Grey y yo intercambiamos nuestros puños en su vagina hasta que se derritió en un gran orgasmo (se puede escuchar en el reproductor que hay al final del post). Terminó la aventura con una enorme corrida de Grey, mientras le abofeteaba la cara.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Sí que eres un libertino Marqués de Zas! Y vuelvo a intuir que eres de esas personas que con su mirada ven lo que a otros se nos escapa.

Good