11 julio, 2015

El váter

Fotografía: Graciela Iturbide

En la puerta del cuarto de baño, una española morena de pelo negrísimo y aire andaluz,  me pidió pasar conmigo. Acepté con un gesto cortés. Se sentó en la taza del váter con la falda levantada hasta la cintura y las bragas en los tobillos. Abrió los muslos y me miró fijamente. Me agaché a su lado y metí la mano derecha en la taza. En ese instante un líquido muy caliente me hizo un guante de orina. Tenía el coño más caliente que mi mano. Le metí dos dedos y empezó a gemir. Cuando entraron todos los dedos menos el pulgar los suspiros se convirtieron en grititos cada vez más fuertes. Estábamos en una fiesta con muchos invitados. Cuando salimos, uno de ellos que acababa de llegar,  nos dijo con picardía:

-¿Qué estabais haciendo con tanto ruido?

El váter tenía una ventana a la calle. Y estaba abierta de par en par.

Nos miramos con complicidad. Ella acercó a mi oído su boca esponjosa;

-No me he corrido -susurró.

1 comentario:

_NeFeR _ dijo...

No siempre después de los truenos llueve....a veces hay tormentas secas.